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dilluns, 23 de març del 2009

Las depresiones, ¿una "epidemia" actual? Por Jerónimo Erviti.



Texto de la intervención de Jerónimo Erviti en la mesa redonda "Les depressions, una 'epidèmia' actual? que tuvo lugar en la sala de actos del Ateneu Barcelonès el 13 de marzo de 2009.



La expresión “ estoy deprimido “ ha devenido un lugar común en las conversaciones grupales, y si bien no siempre ha de ser manifestación de patología depresiva, sí que suele apuntar a la presencia de alguna pérdida en cuya elaboración el sujeto hablante está implicado. Claro que estaríamos hablando del duelo común, inevitable y necesario para la consecución de la condición de sujeto del ser humano. Acompañante cierto en nuestro transitar por la vida ha llegado a conformar una suerte de dicho calderoniano: La vida es duelo y los duelos duelos son.
Pero este tipo de sufrimiento no suele ser objeto de trabajo en nuestra clínica. Quienes nos ocupan suelen ser personas presas de un padecer psíquico particular, revelador de un intenso, íntimo y dramático conflicto que puede llegar a tener efectos devastadores en quien lo padece. Ellos sí constituyen para nosotros un desafío clínico, al que para responder precisamos disponer de una teoría de la conformación del ser humano, de su desarrollo, su estructuración psíquica y funcionamiento mental, los modos de enfermamiento, su diagnosis y una teoría y una técnica para la cura.

Para empezar quiero ver las cosas desde la mirilla de lo social. Cómo hablaría un lego al opinar sobre la depresión ?. Diría tal vez que la vida es dura, que los tiempos cambian demasiado rápidamente, que las exigencias de la vida urbana, que las condiciones de inserción y especialización laboral, hablaría de cuán inabarcable es la demanda de producción del amo-patrón, cuán grande la dificultad de compaginar la vida privada y laboral, de sumarle además la precariedad económica; ¿es esto la sociedad del bienestar ? Todo ello y más hacen difíciles las condiciones de vida , que demandan un esfuerzo elaborativo emocional tan grande que se entiende que ciertas personas bajen los brazos, se rindan y no tengan fuerzas para seguir la brega que la existencia demanda.
Por supuesto, no hay nada que objetar , eso es cierto y son muchos los agentes que están interviniendo permanentemente para cambiar esas condiciones de vida que mejoren la cotidianidad y no menos los que buscan su complejización y aportan mayores exigencias si cabe a la ya sobresaturada vida común. Los opuestos en conflicto de intereses como es esperable para la óptica psicoanalítica.
A nosotros nos toca fijar la mirada en esas “ personas que se rinden “, estudiarlas, entenderlas y ayudarles a sacar fuerzas de flaqueza para retomar la vida. Qué singularidad particular hace que ciertas sujetos se depriman y otros no ?. Ahora empezamos a estar necesitados de una teoría de la estructura y funcionamiento de la mente humana, y cómo no, también de sus disfunciones, de la psicopatología.
Apuntaba unas líneas más arriba que la depresión es consecuencia de alguna pérdida, de la pérdida de un objeto real o imaginario y de una particular elaboración de esa pérdida, que ocasiona que el sujeto rebaje su consistencia, se devalúe o muera con el objeto perdido. Esta es la versión patológica.
Freud habla en Duelo y melancolía de una modalidad normal de elaborar la pérdida: el yo puede aceptar el criterio de realidad que le dice que ha perdido al objeto, va rememorando las vivencias con él, se identifica con las más benéficas y puede “matar al muerto para poder vivir” y salir enriquecido, fortalecido con nuevas identificaciones. También habla de duelos imposibles, aquellos en los que “la sombra del objeto cae sobre el yo…” aplastándolo con reproches severísimos e inacabables que le hacen sucumbir.
Hablamos, pues, de objetos y de la relación entre un sujeto y un objeto. Parece una obviedad pensar que del tipo de objeto y de la relación con el mismo dependerá la capacidad o no de elaborar adecuadamente la separación en el momento de la pérdida. Porque Freud habla de objetos distintos: no es el mismo el objeto para la descarga de sus primeras épocas que el objeto de la completud de Introducción al narcisismo o el objeto fusional de El malestar en la cultura. Como tampoco es el mismo el sujeto que los sustenta.
Freud empezó estudiando lo más accesible a la percepción, las neurosis de transferencia y se fue adentrando a partir de 1914 en las capas más profundas de la mente, conformadas en las primeras vivencias de los inicios de la vida. Para él los albores del ser se caracterizan por una relación de fusión madre – bebé , una suerte de matriz mental que viene a tomar el relevo a la matriz biológica de la gestación en el útero. Relación fundante y fundamental para el cumplimiento del primer requisito de la hominización: el investimiento libidinal del neonato por parte de la madre.

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dimarts, 17 de març del 2009

Depresión, uno de los retos de nuestra época. Por Clotilde Pascual.



Texto de la intervención de Clotilde Pascual en la mesa redonda "Les depressions, una 'epidèmia' actual? que tuvo lugar en la sala de actos del Ateneu Barcelonès el 13 de marzo de 2009.



La depresión es el diagnóstico preferido de nuestra actualidad. Los sujetos llegan a las consultas con una queja que es verdadera, pero que al mismo tiempo es un antídoto multiuso. Con esta queja el sujeto neutraliza cualquier otro síntoma al menos en un primer momento, así como la responsabilidad en lo que le ocurre. Por supuesto me estoy refiriendo a las depresiones neuróticas que no son de tipo psicótico como la melancolía en los trastornos del humor. Por ello es fundamental un diagnóstico de estructura en todos los casos. Diagnóstico que tendrá en cuenta el afecto de tristeza y de duelo por la pérdida de objeto, en el caso de una neurosis o de rechazo, es decir imposibilidad de duelo por las pérdidas, en el caso de las psicosis.

Por otro lado, en torno al aumento de este diagnóstico en los casos de neurosis, en nuestra sociedad contemporánea, podríamos pensar que también hay un “mercado” o una moda en relación a la clínica. Es decir que cuanto más se diagnostique este síndrome más sujetos dirán que lo tienen. Así ocurre con otras manifestaciones sintomáticas que se sitúan según la época a modo de “contagio” o sugestión histérica, en que el sujeto se da una identidad a partir de una afirmación en su patología.

CAUSAS

Lo fundamental, para un primer acercamiento a este tema, será tener en cuenta de que raíces surge el afecto depresivo y qué modalidad de lazo social pone en evidencia. Un lazo social que trata del goce que lleva consigo, de ese más allá del principio de placer freudiano, nombre de la pulsión de muerte.

Se puede decir de la Depresión que es la enfermedad del siglo XXI. Numerosos artículos tanto de la literatura médica y farmacéutica como aparecidos en diferentes periódicos de nuestro país lo testimonian. No voy a enumerarlos, porque seguramente ya conocen los datos, que se pueden encontrar continuamente. Recuerdo una campaña de difusión sobre la Depresión en Barcelona, de hace unos dos años llevada a cabo por Sanidad, que hacia aparecer unos carteles en paradas de autobús o situados al nivel de las farolas que se superponían con los carteles que anunciaban una obra de teatro. En ellos se decía que la población tenía que “ayudar” a los que aparecían sobre el cartel en posición de “triste figura”, no dejarles solos y aconsejarles que acudieran a un profesional que les ayudara. Me llamó la atención, porque esta forma de anunciar la depresión no tiene en cuenta la diferencia con la tristeza y que la tristeza no es siempre expresión de una enfermedad. La tristeza como la alegría es expresión de las emociones de los seres humanos a las que hay que dar un lugar en la vida anímica.
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